La Reincorporación de Tacna reúne varios eventos históricos para el Perú y uno de los más apreciados es la valoración del aporte de la mujer tacneña, su legado no solo para la ciudad, sino también para el país. De hecho, en la Procesión de la Bandera que se realiza cada 28 de agosto en la Ciudad Heroica, no solo se lanzan vivas al Perú, a Tacna o la misma bandera, sino también a la mujer tacneña.
La Benemérita Sociedad de Auxilios Mutuos de Señoras de Tacna es una institución fundada el 5 de marzo de 1897 para brindar asistencia social a la población vulenable en plena ocupación de Chile (que empezó en 1880 y terminó en 1929). Pero también fue una organización de resistencia patriótica.
Ante las continuas expulsiones y hostigamiento a los varones tacneños, fueron las mujeres las que se quedaron en Tacna a defender la herencia cultural.
Y su historia no solo empezó ahí, sino durante la misma Guerra del Pacífico, cuando muchas mujeras acompañaron a los soldados, varios de ellos esposos, hijos, familiares en general, para brindarles auxilios en salud, alimentación y otras necesidades. Aquellas mujeres fueron conocidas como las rabonas.
RPP comparte una entrevista con la presidente da la Benemérita Sociedad de Auxilios Mutuos de Señoras de Tacna, Rosa Amelia Mejía, sobre el legado de la mujer tacneña.
RPP: ¿Qué significa ser heredera de las mujeres que mantuvieron ese amor por el Perú en plena Guerra del Pacífico y durante la ocupación chilena?
Rosa Amelia Mejía: Se siente una responsabilidad muy grande respecto del papel que tuvieron las mujeres las tacneñas del cautiverio, puesto que nuestra misión como actuales integrantes de la Benemérita Sociedad de Auxilios Mutuo de Señoras de Tacna es mantener vivo el recuerdo, la historia, y todo lo que ellas vivieron y cómo lo enfrentaron y afrontaron. Si ellas pudieron hacerlo en esos terribles momentos, entonces nosotras ahora tenemos la gran responsabilidad de que su sacrificio no sea olvidado y de que las futuras generaciones lo conozcan. Y como dice nuestro himno: que miren de frente al mañana.
¿Cuál es el legado de la mujer tacneña que debemos recordar cada 28 de agosto?
La mujer tacneña de ese entonces pensó en su peruanidad. ¿Qué queremos que quede para las futuras generaciones? Primero, que conozcan bien su historia, que aprendan de ella, que aprendan cómo ellas (las tacneñas de la época) vivieron en ese momento. Ahora no estamos en guerra, pero tenemos otras luchas. Nosotros en la institución contamos con los cuadros de nuestras antecesoras, de las fundadoras, de las mujeres del cautiverio. Y cada vez que nosotras tenemos una actividad, tenemos una decisión que tomar, nosotras pensamos qué hubieran hecho ellas. Nosotras ya no estamos en guerra, pero tenemos que estar en todas las situaciones que se nos presentan, tener y llevar a flote los mismos valores, de dignidad, resiliencia, fortaleza y fe.
Si tuviéramos que hablarles a las personas que no conocen lo que pasó en la Guerra del Pacífico o lo que ocurrió durante la ocupación chilena en Tacna y Arica, ¿qué les podríamos decir?
La mujer tacneña estuvo de cara a la guerra, ofreció, sin dudar, a sus hijos, lo más sagrado que tiene una mujer, una madre, una hija, a su padre, a su esposo, a su hermano. Es más, ella misma, al ya no tenerlos (a sus familiares) porque los perdieron en las batallas, se quedaron huérfanas, viudas. Se quedaron con niños pequeños. Ella asumió ese papel de la persona que ya no tenía al costado. Ella tuvo que ser la que, a partir de ese momento, llevaba adelante su hogar.
Con dignidad, ella no necesitó salir a las calles a gritar. Fue en silencio, en cuatro paredes, en su hogar, donde ella iba fortaleciendo el espíritu peruano de sus hijos, aún a costa de su vida. Muchas de ellas eran maestras en las escuelas. Ellas oraban. junto a sus hijos, a la Virgen del Rosario, al Señor de Locumba. Eso fortaleció su espíritu. Ellas fueron madres, enfermeras, periodistas, porque llevaban los comunicados, sacaban a flote lo que sucedía, trabajaban por su patria en silencio. Eso no se logra con palabras vacías, sino, con hechos tangibles, con un espíritu fuerte.
El 28 de agosto también es una fecha para comprobarlo...
Así es. ¿Cómo puedo yo hacer que los demás peruanos conozcan? Esto es muy fácil. Basta con que alguien se acerque un 28 de agosto a la Procesión de la Bandera para ver y sentir ese amor a la patria. Una cosa es los videos de las redes; otra es que tú estés en medio de la Procesión de la Bandera y tú vivas y sientas esos “¡Viva, Tacna!”. “¡Viva el Perú!”. “¡Viva la bandera!”. “¡Viva la mujer tacneña!”. Entonces tú ves la emoción en el público hasta las lágrimas, mujeres, niñas, abuelas, de igual manera, los varones. Es vivirlo. Si tú lo presencias, es un sentimiento que conmueve profundamente.
¿Cómo se inculca a las niñas y adolescentes sobre la historia de la mujer de Tacna?
Qué bonita tu pregunta, porque me ha tocado vivirlo. Yo tengo una hija de 19 años y ella en su momento fue “niña de blanco” (en la Procesión de la Bandera de Tacna, las niñas vestidas así, representan la “esperanza intacta y la libertad conquistada”). Posteriormente se acercaba a la institución a declamar poemas a Tacna como “La bandera pasa” o “Prince”. Y mira, finalmente, cumple 18 años y se hizo socia de la institución. Es la socia más joven.
Así es. No es instaurado. No es: “Ahora llego y soy socia y ya salgo en la procesión”. No es así. La mujer tacneña cultiva el amor a la patria desde pequeña. Así como ella (mi hija) hay muchas, de tercera, segunda o primera generación en la institución: la abuela, la bisabuela, la madre, las primas, las hermanas. Unas a otras nos apoyamos en ese sentimiento y es mutuo.
El 28 de agosto de 1929 no solo se recuerda que Tacna volvió al Perú, sino también, que Arica se separó del Perú para pertenecer perpetuamente a Chile. ¿Qué siente cuando usted va a Arica?Si supieras que yo fui (a Arica) cuando tenía 25 años, me da tanta nostalgia, y no he vuelto a visitarla hasta el año pasado, que tuve que ir con la institución. Todas las familias de aquí de Tacna tienen anécdotas de Arica, las socias que estamos en la institución y yo sé que de pronto muchas otras familias que no son socias también tienen muchas anécdotas. Pero me da mucha nostalgia, mucha.
